Un estudio de carácter longitudinal, en el que han participado 4.627 británicos a los que se ha evaluado a lo largo de distintas etapas de su vida, ha demostrado relación entre los bebés que al nacer registran poco peso y la aparición de síntomas depresivos en la edad adulta, según los resultados publicados en la revista Biological Psychiatry.

La investigación pone de manifiesto que la causa está en las condiciones a las que están expuestos los bebés en el útero de la madre. Es decir, que lo que vivimos en el útero materno podría convertirse en una predicción de nuestra salud en el futuro. Aunque no hay que equivocarse. Ser un bebé pequeño no es signo de que tiene riesgo de sufrir problemas depresivos, ya que del estudio quedan excluidos los bebés prematuros o naturalmente pequeños. “Nacer pequeño no es un problema”, enfatiza Ian Colman de la Universidad de Alberta, en Canadá, uno de los principales investigadores del estudio. “Es un problema cuando se nace pequeño porque las condiciones en el útero fueron adversas. El bajo peso es uno de los indicadores de que se produjo estrés en el útero materno”, añade.

“Cuando la madre está estresada, el flujo de la sangre en el útero se restringe y, por tanto, el bebé recibe menos nutrientes, lo que puede conducir a un menor peso al nacer”, continúa Colman. La investigación también demuestra que los bebés de menor peso tienen dificultades en el desarrollo de las facultades locomotrices.

Esta falta de nutrientes en el útero podría hacer que la parte del cerebro que trata la respuesta al estrés se programase de forma incorrecta, haciendo que no se desarrolle como lo haría en condiciones más favorables. Según Peter Jones, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, “el estrés que el bebé sufre en el útero de la madre va a marcar su nivel de respuesta durante el resto de su vida. Tiene un efecto programador, comparable al de establecer el termostato de un calentador, de forma que el individuo reaccionará con una respuesta mayor cuando en la edad adulta se encuentre en situaciones de estrés”.

El nivel de estrés durante el embarazo es relativo para cada persona, puntualiza. “La misma situación puede ser más o menos estresante para distintas madres, en función de cómo se haya programado su propia respuesta al estrés, lo que podría crear un efecto cascada que se transmite de generación en generación”.