La ciencia avanza en la guerra contra esta enfermedad –que es, en realidad, una colección de enfermedades– y despliega sus tropas en varios frentes: el avance de la inmuno-oncología y las terapias combinadas y una mejor tecnología para una detección temprana. Pero ¿se puede llegar a curar el cáncer? Para muchos expertos, a pesar del optimismo reinante tras los últimos progresos biomédicos, tendremos que aprender a vivir para siempre con esta enfermedad profundamente vinculada al proceso natural de envejecimiento.

PATRICIA LUNA, Santiago de Chile

Que levante la mano quien no le tenga miedo al cáncer. En la lista de enfermedades a las que más tememos o por las que más seres queridos hemos perdido, el cáncer es el rey absoluto y las estadísticas así lo corroboran: en España, el riesgo de padecer cáncer antes de los 75 años es del 25%. Pero la probabilidad de morir de cáncer desciende al 10%, según la Sociedad Española de Oncología Médica.

A pesar de ello, el cáncer es una de las principales causas de muerte en el mundo. Cada año se producen 14 millones de nuevos casos y mueren al menos 2,8 millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud de 2012. Se espera que este número aumente en un 70% en los próximas dos décadas.

¿Cómo ha avanzado la ciencia en las dos últimas décadas en su camino para detener o controlar esta enfermedad? ¿Estamos viviendo un momento revolucionario que puede marcar un punto de inflexión en la guerra contra el cáncer? Y, lo más importante, ¿se puede curar o es una utopía?
La fuerte investigación biomédica llevada a cabo en los últimos 25 años ha permitido curar algunos tipos de cáncer, especialmente la mayor parte de las leucemias y linfomas que afectan a niños, y se ha progresado mucho en otros, aumentando paulatinamente el tiempo de supervivencia de algunos. De hecho, en la actualidad muchos tumores se curan y una amplia mayoría se convierten en una enfermedad crónica con una elevada calidad de vida. Se estima que las tasas de mortalidad por cáncer han descendido en un 23% y que la medicina ha salvado 1,7 millones de vidas solo en Estados Unidos, según un artículo reciente del ‘New England Journal of Medicine’.

Los avances derivados del proyecto Genoma Humano o el potencial de las herramientas bioinformáticas del big data son algunos de los muchos avances que llevaron al Gobierno de EE. UU. a comienzos de año a lanzar su iniciativa ‘Cancer moonshot’ (lanzamiento a la luna, como la proeza de los años sesenta), a la que ha destinado unos 900 millones de euros con el ambicioso objetivo de derrotar definitivamente la enfermedad. «Creemos que es el momento adecuado para un renovado impulso contra el cáncer porque, debido a la conjunción de nuevos descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas, las perspectivas de éxito son mayores que nunca», explica Douglas Lowy, director del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU., en un artículo titulado ‘Apuntando alto: cambiando la trayectoria del cáncer’.
Inmunoterapia
Las esperanzas renovadas vienen determinadas por el avance realizado en el campo de la inmunoterapia, descubierta hace más de un siglo por un cirujano llamado William Coley, que se dio cuenta de que los pacientes que contraían una infección tras la intervención tenían tasas de recaída del cáncer mucho menor que los que no. Tras muchos intentos frustrados, en los últimos cinco años la inmunoterapia comienza a desplegar su potencial en un campo lleno aún de interrogantes.

Este método no se basa en matar las células del tumor, sino en entrenar y estimular nuestro sistema inmune para poder desplegar su propio armamento, como si el tumor fuera una bacteria o un virus, y activar un ataque, en un proceso que puede: o bien estimular el sistema inmune para que contraataque o bien atacar las señales que emiten las células cancerígenas para suprimir las respuestas inmunes.

Uno de los pioneros en este tipo de terapia en Chile fue Flavio Salazar, director alterno del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia y vicerrector de Investigación de la Universidad de Chile.

Su equipo desarrolló una vacuna que utiliza las células dendríticas del sistema inmune que se encuentran en tejidos, piel y mucosa y que poseen la capacidad de fagocitar patógenos y procesar el material antígeno, es decir, las moléculas presentes en el tumor y que no están de manera tan mayoritaria en células sanas. Las células dendríticas procesan y digieren este material en sus membranas y lo devuelven a la superficie en los ganglios, donde activan los linfocitos, uno de los capitanes-jefe del ejército de nuestro sistema inmune, que, después, acuden a donde se encuentra el tumor, lo reconocen y lo destruyen.

«Las células dendríticas son escasas, constituyen apenas un 0,5% del volumen de sangre, pero hay otras mucho más abundantes (20-30%), los monocitos. Nosotros patentamos un método que transforma los monocitos en células dendríticas fuera del organismo; al ser reinyectados, generan linfocitos y una respuesta inmune en ese tumor», explica.

El método se ha probado con éxito en más de 350 pacientes de melanoma, uno de los cánceres más rápidos, con ocho meses de supervivencia. Un 60% de los pacientes vacunados genera una respuesta inmune y logra una supervivencia cuatro veces mayor; ya se administra en hospitales chilenos. Sin embargo, llevar este tratamiento a la fase clínica internacional requiere grandes inversiones, lo que ha impedido que tuviera validación universal y ha hecho que quedara reducido a Chile, Colombia y Cuba.

Esta vacuna ha sido también probada con éxito, aunque en una muestra menor, en cáncer de próstata, y se están preparando los estudios para cáncer de vesícula biliar. Además, el equipo de Salazar ya trabaja en una nueva versión menos específica que podría dar el salto de la medicina personalizada a una vacuna generalizada para un cierto tipo de cáncer; de momento, ha dado buenos resultados en animales.

La inmunoterapia no genera efectos secundarios tan severos como la quimioterapia, ya que el ejército del sistema inmunitario tiene bien definido a su enemigo. «Vivimos el boom de la inmuno-oncología, pero de momento sirve para algunos cánceres, en algunos casos y para algunos pacientes. Todavía no sabemos por qué funciona en algunos pacientes y no en otros dentro del mismo cáncer. Comparada con la quimioterapia, es un proceso más lento; el sistema inmune requiere un tiempo, en algunos casos meses, para generar una respuesta», explica.

Una pareja de proteínas
En el reciente encuentro anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO), que marca la pauta de los tratamientos y los avances en la enfermedad, la inmunoterapia fue la auténtica protagonista y, la pareja de moda, la formada por las proteínas PD-1 y PD-L1.

Estas proteínas participan del segundo mecanismo, el que utiliza el cáncer para ponerse el traje de camuflaje y pasar desapercibido en nuestro organismo. Muchas células cancerígenas tienen muchas proteínas PD-1 expresadas en su superficie. Esta proteína liga bien con las PD-L1 de los linfocitos, los capitanes del ejército, y desactivan su función, apagan el interruptor que permite a nuestro sistema reconocerlas. Muchas de las técnicas actuales utilizan medicamentos para bloquear una de estas dos proteínas e impedir que el cáncer pase desapercibido para nuestro sistema de defensa.

«Este año el congreso se centró mucho en el seguimiento a largo plazo de los ensayos presentados el año pasado en inmunoterapia, con periodos de supervivencia de 3 a 5 años, que era algo que no habíamos visto hasta ahora», señala Julie Vose, la hasta este congreso actual presidenta de ASCO.
Una cura universal
¿Se podrá curar alguna vez el cáncer? A pesar de vivir un momento de eclosión, fascinante y excitante para muchos, la respuesta ha de medirse con precaución. «El cáncer se va a seguir produciendo como un mecanismo de degradación natural de nuestro ADN, que se acelera a medida que la población va envejeciendo; cuanto más aumenta la expectativa de vida, más probabilidades hay de morir de cáncer», señala Salazar, quien descarta hallar una cura universal. «Es muy difícil pensar en un remedio que sirva para todos los tipos de cánceres –explica–, sería como decir un remedio para todos los tipos de infecciones, es muy complejo».

Lo último en Silicon Valley es invertir en cáncer
Invertir en la lucha contra el cáncer se ha puesto de moda entre los grandes nombres de empresarios famosos por desarrollar las empresas de tecnología más punteras de Silicon Valley. El millonario Bill Gates y el fundador de Amazon, Jeff Bezos, son algunos de los grandes nombres que han invertido unos 90 millones de euros en desarrollar un análisis de sangre capaz de detectar cualquier cáncer de aquí a 2018. Una apuesta fuerte, similar a la de Sean Parker, también multimillonario y famoso por Napster o Facebook, que acaba de donar 250 millones de dólares (220 de euros) para que 300 científicos y 40 laboratorios puedan potenciar los avances en inmunoterapia y acercárselos a los pacientes que padecen la enfermedad.

 

Este artículo fue publicado originalmente aquí, en la edición del 14 de junio del suplemento Tercer Milenio, del Heraldo de Aragón.