Logo-Groupe-BBC-250El arte como un juego. El juego del arte donde tiene cabida, o incluso protagonismo indiscutible, la decepción. Pocos artistas latinoamericanos han pisado tan firme en el Olimpo del arte contemporáneo como Gabriel Orozco. BBC Mundo conversa con él acerca de su proceso creativo y el papel que tiene en su arte el desengaño.

Definido como el poeta de los objetos cotidianos, aquel que supo descontextualizar cosas comunes y convertirlas en arte, el que muestra que lo pequeño e humilde puede también ser hermoso, Orozco presenta ahora una retrospectiva que cierra en Londres un tour por todo el mundo: 80 de sus mejores obras han recorrido ya Nueva York, París y Basilea siguiendo la no siempre fácil ruta de la consagración del arte moderno.

Sus emblemáticas imagenes definen una década: un cráneo tatuado con las formas geométricas del ajedrez, los restos de una vieja bicicleta, un citroen partido en tres partes al que se le elimina el cuerpo central para potenciar su efecto visual, una mesa de billar ovalada sin agujeros, un perro muerto, un corazón de arcilla…

Es el minimalismo de los ’90 que reacciona a la etapa anterior marcada por los lienzos monumentales y los objetos gigantescos.

Pasar desapercibido

Sus obras han sido a veces un grito provocador pero silencioso.

Como cuando en la Bienal de Viena de 1993 decidió presentar como obra de arte una caja vacía de zapatos, y jugó con la ausencia para acentuar su presencia al tiempo que trataba de medir los prejuicios del espectador.

Otras veces apostó por la temporalidad, o, por la sutil percepción. Como ampliación natural de una exposición en el MOMA, le pidió a los vecinos de las inmediaciones que se llevaran a casa una naranja y la colocaran en sus apartamentos encima de un vaso de cristal. Sólo un fino observador o alguien buscando el efecto podría haber visto esta extensión natural de la obra.

“Creo que el arte tiene que de alguna manera pasar desapercibido al principio tal vez. Tiene que tratar de que el individuo lo encuentre, presentarse como algo que no se está tratando de imponer, yo trato al menos de lograr que no sea imposición”, le explica el artista a BBC Mundo.

(El arte) no es un grito, no es propaganda, no es un eslogan, no es un logo, es un recipiente y es un vehículo

Gabriel Orozco

“No es un grito, no es propaganda, no es un eslogan, no es un logo, es un recipiente y es un vehículo -agrega-. Es un recipiente vacío y un vehículo para ser ocupado por alguien, ese que quiera entrar al vehículo y al recipiente”.

“Las grandes obras son decepcionantes o pasan desapercibidas al principio, especialmente aquellas que rompen las reglas. Si uno hace memoria en el siglo XX y finales del XIX, muchos grandes momentos cruciales fueron momentos de decepción al principio. La decepción provoca escándalo, hay siempre esa posibilidad, es interesante como signo, que pase desapercibido, decepcione o provoque irritación en los demás”, señala Orozco.

Decepción

Sleeping Dog. Marian Goodman Gallery © Gabriel Orozco.

La obra de Orozco refleja la poética de lo cotidiano. © Gabriel Orozco.

Por eso insiste en que la decepción puede formar parte del proceso creativo.

“Creo que en mi obra siempre hay una ausencia, me importa la idea de decepción, de ausencia, de recipiente vacío para ser ocupado, la idea de una posible identidad abstracta, que no es una identidad en función de prejuicios nacionales o sexuales o existenciales sino del momento presente en cada cosa que tenemos en frente”, explica, al hablar de sus obras.

Un año más tarde del escándalo de Viena por la caja de zapatos, en 1994 en la primera exposición en una galería comercial en la Marian Goodman Gallery, Orozco llenó las altas expectativas suscitadas ante su exposición con vacío: la sala a la que entraba el espectador yacía completamente desnuda si no fuera por cuatro pequeños círculos pegados a cada pared.

Cuatro sutiles tapas de yogurt, con su tenue fecha de caducidad impresa, trataban de comunicar un mensaje a gritos en un espacio lleno de silencio.

¿Tomadura de pelo o arte? A juzgar por las sucesivas exposiciones de Orozco, uno de los habituales en el MOMA de Nueva York, la obra gustó.

Vaciar expectativas

“Lo que trato es de instruir al público en el sentido de vaciar las expectativas lo más posible, tratar de que no haya una, lo cual no es fácil, sobre todo cuando ya conocen la obra pero igual vienen a ver algo nuevo. Hay quiénes vienen a buscar entretenimiento o algo que les divierta, pero esto tampoco es lo ideal”, afirma al tratar de definir su público.

Black Kites 1997. Marian Goodman Gallery © Gabriel Orozco

Para Orozco es importante vacíar las expectativas y prejuicios del espectador.

“Lo ideal es una situación neutra, donde no hay expectativas, perjuicios, y por eso la idea de decepcionar y tratar que el individuo se libere de prejuicios para poder disfrutar un momento artístico”.

Orozco juega con los juegos. Muchas de sus obras se inspiran en objetos como mesas de billar, de ping-pong o incluso tableros de ajedrez, donde sólo se presentan caballos que pueden moverse en una determinada dirección geométrica.

Y es también la suya una obra que juega con el tiempo. Con el aquí y el ahora. A veces tienen sentido sólo en un determinado contexto.

“No todo funciona todo el tiempo, hay obras que tienen su momento para cada quien, hay tiempos del arte. Hay tiempos del arte que se logran a través de limpieza del ego del espectador”, concluye.

Así, su obra sigue reiventándose con el paso del tiempo y su desafío a quien la observa.