Mil millones de libras, unos 1.500 millones de euros, será el presupuesto con el que contará para los próximos 10 años el nuevo Instituto de Tecnologías de la Energía (ETI, según sus siglas en inglés), cuya creación fue anunciada como principal arma del Reino Unido para combatir el cambio climático

El ETI, que recibirá dinero público y de empresas como BP, Caterpillar, EDF Energy, EON, Shell y Rolls Royce, financiará proyectos destinados a reducir las emisiones de CO2

gestionar de forma más eficiente el abastecimiento de calefacción para todos los hogares y garantizar que el país posea, ahora y en el futuro, el suministro de energía necesario. Las investigaciones se articularán en torno a siete grandes temas: suministro de tecnologías energéticas a gran escala y a pequeña escala, seguridad de suministro, administración y uso eficiente de la demanda, transporte, infraestructura de apoyo y desarrollo de energía sostenible en países en vías de desarrollo.

Un consorcio formado por las universidades de Nottingham, Birmingham y Loughborough, en una región, las Midlands, conocida por su tradición en la investigación de energía, ha ganado el privilegio de alojar el nuevo centro en una dura competición frente a otros 27 solicitantes.

Los proyectos se elegirán mediante concursos abiertos a todo el país, y también a instituciones extranjeras y se pondrá el énfasis en aquellas tecnologías que tengan una rápida aplicación y ofrezcan resultados reales en la reducción de emisiones de carbono. Por ello, el instituto pretende trabajar con pequeñas y medianas empresas que ya estén en proceso de desarrollo de estas tecnologías pero necesiten ayuda financiera para ponerlas en el mercado.

En los próximos dos meses se hará la primera convocatoria de proyectos. Las tecnologías que se van a considerar de forma prioritaria son aquellas que promuevan la energía mareomotriz (de las mareas y de las olas) y el desarrollo de parques eólicos en el mar, para aprovechar los recursos naturales de la isla, así como tecnologías orientadas a la captura y almacenamiento del carbono de forma efectiva y no muy costosa. A pequeña escala se buscarán tecnologías destinadas a cambiar comportamientos del ciudadano, como contadores inteligentes para hogares que controlan el uso de energía eléctrica y se apagan automáticamente cuando no es necesaria.

Se espera que el instituto, que funcionará como centro administrativo desde donde se dirijan los proyectos, esté completamente operativo a mediados de 2008 y cuente entonces con unos 50 empleados.